La ceniza y la Cuaresma

FLORA MERINO

Hablamos del tiempo cuaresmal, nos dirigimos a nuestras parroquias con el fin de ‘tomar la ceniza’, pero en muchas ocasiones no comprendemos la finalidad última de este acto ni lo que implica para el cristiano y por ende para nosotros los cofrades.
La imposición de la ceniza marca el inicio de un camino que nos llevará a la gran fiesta de la Pascua. A lo largo de este tiempo litúrgico que se extiende durante 40 días, se nos ofrece la posibilidad de recuperar y reforzar nuestra actitud cristiana, preparando nuestro espíritu para la conversión, para el arrepentimiento y para dejar a un lado deseos mundanos y entregarnos en cuerpo y alma a Cristo.
Es importante conocer cada simbología; el porqué de las cosas que hacemos. Por ejemplo, quizás muchos desconozcan que la ceniza que se nos impondrá hoy, proviene de los ramos que fueron bendecidos el último Domingo de Ramos; esta incineración supone un vínculo en el que se quema todo lo acontecido hasta el momento y se inicia una nueva andadura donde renace nuestro ser más profundo.
La imposición de la ceniza sobre la cabeza, no solamente representa el luto por nuestro pecado, sino que nos recuerda la caducidad de la vida humana. El sacerdote proclama durante la Eucaristía: “Del polvo vienes y en polvo te convertirás”; un guiño sin duda a un carpe diem enfocado a la necesidad de dejar una estela de buenas obras en nuestro paso por este mundo.
El luto y la penitencia vienen en este tiempo marcados por el color morado; junto a él, son también la confesión, el ayuno y la abstinencia señas de identidad de este tiempo de reconciliación con nosotros mismos, con el prójimo y con Él.
La Cuaresma rememora los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra prometida combatiendo contra la fatiga, el hambre, sed, cansancio…pero tal como se nos narra en el éxodo, al fin el pueblo elegido gozó de esa tierra maravillosa. Tal es, por tanto, el fin de la Cuaresma; disfrutar al final del camino de la Pascua, momento de mayor felicidad y plenitud cristiana.
Llenémonos de Dios, inundemos nuestros corazones con la satisfacción que supone vivir entregados al bien y al amor para con los demás. Vivamos el tiempo cuaresmal junto a nuestros hermanos y rememoremos con cada gesto el mensaje que el padre nos dejó:

Amaos los unos a los otros…