MIRADAS DE SEMANA SANTA

DAVID PÉREZ GUTIÉRREZ / Párroco de Ampudia. Cofrade de la Real Cofradía del Santo Sepulcro

Hay muchas cosas que definen a las personas. Su forma de andar, el modo de hablar, las personas con las que se relacionan. Todas ellas nos dicen mucho de su carácter. Pero si hay algo que define a un hombre o a una mujer, según mi opinión, es la mirada. Nuestra manera de mirar denota los sentimientos, las preocupaciones, nuestro estado de animo. En definitiva, nuestra forma de ser, nuestra identidad personal.

En estos siete días santos, el gusto, el tacto, el olfato, el oído, tienen un protagonismo singular. Por estos sentidos nos llegan y se nosprovocan muchos sentimientos personales que hacen de la Semana Santa algo fundante en nuestra vida cristiana. Pero junto a estos sentidos, podemos decir que en la Semana de Pasión la mirada tiene un cariz especial.A través de ésta, de nuestros ojos, y nuestras imágenes, podemos comprender y meditar lo que queremos vivir durante estos días Santos.

Desde pequeño siempre me ha impresionado el rostro de Cristo sobre la borriquilla. Montado en ella, Jesús tiene su mirada clavada en nosotros. Es una mirada de alegría, serenidad y fidelidad a la voluntad de Dios. Para Cristo el Domingo de Ramos fue un momento de sentimientos encontrados.De alegría por el reconocimiento mesiánico de las gentes de Jerusalén. De serenidad, porque Cristo sabe lo que va a implicar ese mesianismo que las gentes sencillas de Jerusalén. Él, fiel a la voluntad de Dios, es consciente de que es el Mesías de Dios, y esto supone pasar por la pasión, la Cruz y la muerte, para llegar a la Resurrección. Él es el Mesías sufriente, sin apariencia humana, del que habla el profeta Isaías y no un rey político. Él te bendice y te mira.

Como bien sabemos, los sentimientos de Cristo el Domingo de Ramos y los días del Triduo pascual, no fueron iguales. No es lo mismo ser aclamado como el que viene en el nombre del Señor, que subir al calvario para morir. De este modo en la tarde del Jueves Santo podemos ver en las diversas representaciones de la última cena y de la oración en el huerto, las distintas miradas de Cristo. En la Sagrada Cena vuelve a aparecer Cristo con una mirada feliz. Alegre porque deseaba celebrar la Pascua con sus Discípulos. Gozoso porque allí, en el Cenáculo, nos dejó la Eucaristía, el sacramento de su amor. Pero posteriormente, en el huerto de los Olivos esa mirada se convierte en mirada de preocupación, de agobio, de responsabilidad. Jesús es consciente de lo que le va a acontecer, del sufrimiento y la muerte que va a padecer, hasta el punto de sudar sangre y agua.

En esta noche larga de Jueves Santo, en la imagen de Jesús de Medinaceli, podemos contemplar una mirada serenamente entristecida. Seguro que con las manos atadas y camino para ser juzgado, ese Corazón que pronto debía de ser traspasado, recordó los momentos de la última cena, pero en especial, la negación de Pedro, la traición de Judas, el abandono de casi todos sus discípulos. Solo unas mujeres y el Discípulo amado permanecieron fieles hasta el último momento.

El Viernes Santo, la imagen del Santísimo Cristo del Perdón nos muestra la última mirada de Cristo. Los ojos fijos enel Padre, del que procede. Mira al cielo, obra de sus manos. Ora y entrega su espíritu al que lo ha engendrado antes de la creación del mundo. Después de perdonar, de amar hasta el extremo expira.

Si hablamos de miradas, entre todas, no se nos puede olvidar la de la Madre, la de la Quinta angustia. Allí estaba ella con la vista elevada contemplado a su hijo muerto en la Cruz. Con su cuerpo retorcido por el dolor. Al hijo al que alumbró; al que enseñó a andar, a hablar y rezar. Al que ha seguido como Discípula, ahora lo ve crucificado. El Corazón de la Madre, con el de su hijo es traspasado. Un dolor y una tristeza inenarrables nos muestran la mirada de la Virgen. es una mirada dolorida, pero no desesperanzada.

Concluyendo, os invito a que en estos días os acerquéis al Santo Sepulcro. Poneos asus pies y mirad. Contemplad a Cristo muerto sobre el sudario. Dejad que los sentimientos que allí broten sean vuestro motor esta Semana Santa.

Un simple consejo: utiliza tus ojos y contempla las miradas de la Semana Santa. No te dejarán indiferentes.

¡Atrévete a observar!