Historia

“Item ordenamos […] que el Viernes Santo en la noche todos nosotros y con la devoción que sea posible nos juntemos en el nuestro palacio con nuestras túnicas de angeo así los cofrades de disciplina como los de luz y apóstoles […] y habiendo oído la palabra divina o sermón que nos hicieren salgamos […] en procesión”. De esta manera reza el Capítulo XL del Libro de Reglas de la Cofradía de San Francisco, fechado en 1586.

Santo Sepulcro, titular de la Cofradía

Y es que esta regla resume de manera fiel la piedra angular sobre la que se sustentaba entonces y se sustenta hoy, en los primeros años del siglo XXI, la Cofradía Penitencial del Santo Sepulcro, Archicofradía de las Cinco Llagas de San Francisco y Cofradía de San Juan Bautista de la ciudad de Palencia.

 

Seis siglos de historia: la Cofradía de Nuestro Señor San Francisco

La cofradía actual resulta del fruto de fusiones y hermanamientos durante estos seis siglos de vida de otras varias cofradías siempre bajo el manto arropador de la Cofradía de Nuestro Señor San Francisco que, en la ciudad de Palencia, data del año 1407 según está registrado en los antiguos ‘libros de acuerdos’ que, como tesoro histórico que son, se conservan en el archivo de la cofradía.

Libro de Acuerdo de la Cofradía de San Francisco

Situado pues su origen hace ahora algo más de seis siglos, no se conoce de documentación que vuelva a acreditar su actividad hasta 1563, fecha en la que consta que el escribano Melchor de Cisneros reimpulsa su actividad.

A partir de ahí, se va conformando una cofradía en continúo crecimiento por la unión con otras hermandades como la Cofradía del Santísimo Sacramento y Cinco Llagas, la de la Quinta Angustia y la de la Caridad de los Pobres Presos de la Cárcel que van a conformar un carácter especial a la que podríamos calificar como “cofradía madre” y que no era otra que la Cofradía de Nuestro Señor San Francisco y que, poco a poco, la hizo crecer en importancia en la también próspera y creciente ciudad de Palencia.

De aquella época cabe destacar la posesión de una capilla en el mismo corazón de la capital castellana, concretamente en la Iglesia de San Francisco junto a la cual tenía su Palacio, y de un corral de comedias en el que regularmente se ofrecían funciones de teatro a objeto de destinar los fondos generados a beneficencia socorriendo las necesidades de los pobres de la ciudad e incluso hay extractos documentales que denotan el uso de estos dineros para la redención de algún preso.

Sin duda alguna, entre otros factores, esta especial relación con el mundo del teatro, unida a la herencia de su tradición franciscana y su vinculación a la Virgen de la Quinta Angustia hicieron que surgiera la realización de la “Función del Descendimiento”, de la cual tenemos constancia escrita de su realización al menos durante el siglo XVII y cuya escenificación se recuperó en el año 2003 y se ha convertido, hoy por hoy, en uno de los puntos fuertes de los actos organizados por la Cofradía del Santo Sepulcro.

Más herencia histórica de la Cofradía de Nuestro Señor San Francisco supone la organización de la “Procesión de Ramos”, hoy conocida popularmente como “de la Borriquilla”, nombre dado por el único paso que procesiona en el desfile. Y, por supuesto, no debemos olvidar el legado de la veneración a San Francisco de Asís, que preside la actividad litúrgica de la cofradía y que en los albores de octubre se convierte en honrado patrón en procesión por las calles palentinas.

En el año 1913 se produce la última de las fusiones con la entonces cofradía de San Juan, tomándose el nombre actual de Cofradía del Santo Sepulcro, Archicofradía de las Cincos Llagas de San Francisco y Cofradía de San Juan Bautista.

La Cofradía de San Juan Bautista era de caráctel no penitencial, pero sin embargo se dio la circunstancia que por su fuerte vinculación al templo de San Francisco, a finales del siglo XIX la mayoría de cofrades pertenecían a las dos hermandades, lo cual sirvió de acicate para su unión definitiva y el posterior traslado de todos los enseres de la antigua Cofradía de San Francisco a la Ermita de San Juan en 1921.

Hermita de San Juan

De la herencia de San Juan se traspasó, además de la mencionada Ermita, el Palacio (en el mismo suelo sobre el que hoy se asientan Capilla y locales de la hermandad) y la veneración a San Juan, por otra parte, copatrono de la ciudad de Palencia, junto a San Antolín y Nuestra Señora de la Calle, de quien se mantiene viva la tradición de su procesión en “los días de San Juan de junio” y la entrega de tomillo bendecido a los palentinos.

 

La Cofradía, 600 años después de 1407

En la actualidad la cofradía centra su actividad en la época de Cuaresma y Semana Santa, aunque gracias a la rica herencia desgranada en las líneas anteriores reúne a sus hermanos durante todo el año para honrar a sus patronos San Juan Bautista y San Francisco, para venerar a la Madre María en sus advocaciones de Madre Dolorosa y Virgen de la Quinta Angustia durante el mes de mayo, en los dos reglamentarios Cabildos de Tabla y en la ya tradicional ‘Felicitación Navideña’, entre otros actos …

Más aún el año 2007, por resultar fecha tan especial en el devenir de la hermandad, se produjeron numerosas convocatorias extraordinarias en forma de diferentes actos y actividades que conmemorasen este sexto centenario.

 

Semana Santa

Centrándonos en el ciclo de Semana Santa, además de participar en el resto de desfiles procesionales organizados por las Cofradías Hermanas de la ciudad de Palencia, asume la organización de tres procesiones y, desde 2003, la recuperada “Función del Descendimiento”.

La Procesión de Ramos parte como procesión litúrgica de la Capilla de la Cofradía para continuar la Eucaristía en la Seo palentina. Una vez finalizada, todos los cofrades palentinos, y en especial los más jóvenes, acompañan con sus ramos bendecidos de vuelta a la Capilla a “Jesús entrando en Jerusalén”, talla de Victor de los Ríos de 1956, que es despedido en instancia última con un clamoroso batir de palmas.

Borriquilla Calle Mayor Palencia

En la ya madrugada del Jueves Santo, el silencio es el manto que se tiende sobre la soledad de la Virgen de la Quinta Angustia (Antonio de Amusco, 1607) que acompaña al Santísimo Cristo del Perdón (Miguel Ángel Rojo, 2003). La procesión tiene un marcado carácter de austeridad y sobriedad, con la peculiaridad de que todos los penitentes salen desde el interior de la Capilla del Santo Sepulcro y vuelven a entrar a su regreso. De camino, un alto en la Plaza de la Inmaculada, junto a la Catedral de la ciudad, para realizar una estación de penitencia glosando las Angustias de la Virgen y asistir a la simbólica despedida del Hijo y la Madre.

La tarde del Viernes Santo es testigo de excepción de la “Función del Descendimiento”. Llegándose las cuatro y media de la tarde sale del interior de la Catedral una comitiva formada por varios hermanos del Santo Sepulcro (ataviados con el blanco hábito procesional de la Cofradía y sustituyendo capa y capillo por negros escapulario –en recuerdo a los frailes que representaron tiempo atrás la “función” – y cogulla para preservar la identidad de los participantes y retomando el color del hábito de la cofradía de San Francisco) situándose a los pies de la Cruz en la que está suspendida la figura de Cristo.

Desde ese momento el Cristo, crucificado y muerto, no está solo. De dos en dos, los hermanos del Santo Sepulcro se relevan en turnos de vela y oración hasta que, al filo de las ocho de la tarde entregan el último turno a todos los hermanos que, juntos, con sus hábitos, han acudido desde su Palacio para participar con su silencio en el desenclavo.

Siendo las ocho de la tarde, un toque de Tararú (otro de los detalles que marcan la idiosincracia de la Semana Santa palentina) será la señal para que se abran las puertas de la Catedral y dé comienzo la Función del Descendimiento.

Doce hermanos del Santo Sepulcro salen, en procesión, de la Seo dirigiéndose a los pies de las tres cruces, a los pies de la Cruz de Cristo, donde, siguiendo las indicaciones de un orador, retiran espinas y clavos y, envolviendo el cuerpo en un blanco lienzo, lo descienden y emplazan sobre unas andillas.

Tras una breve oración, los hermanos portan a hombros las andillas, alumbrando al que será Luz con antorchas. Trasladan el cuerpo al interior de la Catedral bajo el rasgado tañir de la campana de difuntos, invitando al resto de hermanos de la cofradía a entrar junto a ellos.

Santo Sepulcro a hombros

Los hermanos del Santo Sepulcro cambian las “andillas” por la Urna de Caoba; el Cristo Desenclavado de la Cruz torna entonces en Cristo Yacente en el Santo Sepulcro y su cortejo fúnebre, la procesión de “Pasión y Santo Entierro”, partirá de nuestra Santa Iglesia Catedral para recorrer las calles de Palencia, testigo vespertino del misterio de la Fe.

Las ocho cofradías hermanas de la ciudad, en clara labor catequizadora, aúnan sus pasos y penitentes, mostrando por los rincones de la capital el relato de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo; desde el momento del Lavatorio de los pies hasta el mismo intanste de su entierro en el Sepulcro.

La Cofradía del Santo Sepulcro, organizadora del acto desde sus orígenes como relata su Libro de Reglas, aporta las imágenes de “Santísimo Cristo del Perdón” (Miguel Ángel Rojo, 2003), “Descendimiento” (Miguel Ángel Rojo, 2002), “Calvario” (Miguel Ángel Rojo, 2007), “Santo Entierro” (Ramón Nuñez, 1927) y Virgen de los Siete Dolores (Vicente Espinet, 1906).

Llegados a la Plaza Mayor, el duelo que supone la despedida de la Virgen de la Soledad y el Cristo Yacente, entre Salves a la Madre y rasgados toques de corneta ante el Hijo, es uno de los momentos álgidos de la Semana Santa Palentina; detalles, éste y todos, de una Historia de 600 años, la de la palentina Cofradía del Santo Sepulcro.