Talitha Qumi

SILVIA MARTÍNEZ

30 de marzo de 2020

Vivimos días difíciles, vivimos días donde los números parecen perseguirnos, la tristeza de saber que los muertos aumentan, días de frustración, de miedo, de incertidumbre, de aislamiento y de soledad. Seguro que a todos nosotros, hermanos cofrades, se nos viene a la cabeza una imagen: Jesús en el desierto. Sí, Jesús en la soledad, Jesús y las tentaciones, Jesús y el sufrimiento, Jesús y el ayuno, Jesús y la voluntad del Padre.

Él acepta la voluntad del Padre, aunque esa voluntad fuera morir en una cruz. Pero, ¿no es esa cruz el símbolo de nuestra redención? ¿no es esa Cruz la que nos salva cada día? ¿acaso hermanos no podemos con este trocito que nos ha tocado cargar estos cuarenta días? Jesús también tuvo miedo, contrariado sintió que el Padre le había abandonado, pero aguanta colgado del madero por ti, mi querido hermano.

Días de sufrimiento en los que Jesús está vez será nuestro Cirineo, nos ayudará a llevar esta Cruz, nos acompaña en este Calvario, ¿qué padre abandonaría a sus hijos? La verdadera penitencia es está, miedo, sufrimiento y soledad, hermanos que curan, otros que enferman, otros que rezan fuerte por todos y otros que al Tercer Día, resucitarán.

Y es que en estos días, tenemos que recordar que Jesús también resucita, que Jesús dice a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; y todo aquel que viva y crea en Mí; ese no morirá nunca”. Jesús resucitó a tres muertos: un joven, una niña y un amigo. Jesús entró en la casa de Jairo con tres discípulos y cogió la mano de la niña, exclamando: ¡Talitha qumi! ¡Niña levántate!

Levántate, tu hermano te necesita. Levántate, no te quedes ahí para esperando con miedo la voluntad del Señor. Levántate, hermano cofrade, son muchos los que necesitan resucitar, son muchas almas por las que tenemos que rezar. Es hora de despertar, Jesús quiere que despertemos de este sueño profundo, de esta pesadilla en la que nos hacemos pequeños. Jesús despertará a los que ya se han ido para que estén a su lado, pero Jesús también te despierta a ti querido hermano, para que limpies tus lágrimas y sigas despierto. Es momento de levantarse como aquella niña, y coger tu Cruz. Jesús quiere hablarte, quiere que te reúnas con él en oración, quiere que sonrías por los que no pueden hacerlo, quiere que seas el Cirineo de otros muchos, quiere que seas como San Juan, amigo fiel que espera a los pies del Gólgota, frente a la Cruz, consolando a una madre que ve que su hijo muere sin poder remediarlo.

¿Alguna vez fue más fácil levantarse y estar con Él? Y déjenme que les hable ahora a esos cofrades que todavía hoy lloran por no poder sacar este año sus pasos o tronos, de no poder llevar a cabo sus Estaciones de Penitencia, a esos que ya piensan en el fin del verano para poder vestirse de costaleros debajo de un paso, cofraditas de un día y medio, y de un año malgastado. La Estación de Penitencia es esta en la que nos encontramos, parados, sufriendo y con la Cruz del Nazareno en nuestras manos. Levántate, cofrade. Levántate y enciende una vela, ponte un poco de incienso. Levántate, cofrade, pon una marcha de fondo, una saeta o un tambor destemplado. Levántate y coge el Evangelio, Él te está llamando. Pon una estampita, pon tu medalla. Cierra tus manos, cierra tus ojos, y entonces cuando la tristeza, la frustración y el miedo duerman, tu corazón despertará.

Nunca la Cuaresma fue tan pura. Nunca el desierto fue tan real. Despierta estamos en plena Estación de Penitencia, esta vez sin llamadores ni capataces, pero si con muchos nazarenos, muchos hermanos que se sumen a esta procesión del corazón, muchos nazarenos que rezan al compás, elevando sus oraciones Al cielo, una hermandad de hermandades, unidos un mismo pesar. Sigue a la Cruz de Guía, síguela, ella tiene el Camino. Esta Cuaresma, esta Semana tenemos la oportunidad de ser lo que el Señor quiere de nosotros, ejemplos de vida, ejemplo de hermanos, ejemplo de oración y unidad.

Nunca la Iglesia estuvo tan despierta en nuestros tiempos, nunca los templos estando vacíos, estuvieron tan llenos de hermanos. Llenemos nuestras cofradías, despertemos de la mano de nuestros capellanes y consiliarios, despertemos de la mano de recursos y oraciones virales, despertemos dentro de nuestras Capillas, cerca de nuestro Señor y su Madre.

Cofrade, no pares de rezar, te llama el Señor, limpia tus oídos, Él te está gritando: ¡Talitha qumi! , ¡Levántate!

(Publicado en http://www.unavidacofrade.es/talithaqumi-por-silviamartinez/)